Zalamera
Yo bailaba para no arrepentirme en la vejez.
Bailaba en las fiestas, en la sala de la casa
y en el cuarto con Joe Cuba.
Lloraba, húmeda, sudando
me envalentonaba en el ondear de caderas.
La salsa me curó
cuando me hice grande
al marcharse el primer amor.
Los poemas de Zalamera no comienzan ni terminan. Ya estaban allí, a la espera del movimiento. Este libro es el deseo de un cuerpo nocturno que baila y llora sin descanso. O, más bien, es el cuerpo del deseo que, de noche, de madrugada, es llorado y bailado sin descanso. ¿La música hace al baile o el baile hace a la música? La cadencia de estos poemas nos dice que la salsa siempre estuvo allí. Sólo había que escucharla y, contra la soledad, entregarse. Dejarse perder por las calles con medias veladas, un vestido de satín y los adioses en la puerta.
Cristina Juliana Abril